El fisiólogo vegetal alemán Haberlandt dejó sentadas las bases para el
desarrollo de la micropropagación en 1902 al enunciar su teoría de la toti
potencialidad celular, la que dice que: “cualquier célula vegetal lleva
intrínseca la potencialidad de reproducir a partir de sí un
individuo idéntico a aquel que le dio origen”, lo que podría ocurrir a partir
de una célula y aún más, aunque esta proviniera de la raíz por
ejemplo, incluso granos de polen, llegarían a posteriori de sucesivas
divisiones bajo cultivo a reorganizar un individuo completo e idéntico a aquel
del cual proviene la célula donante, salvo que tratándose de células sexuales
como en el último de los ejemplos citados, la descendencia sería haploide por
provenir de células sexuales. Hecho que reviste importancia en el proceso de
mejoramiento por la obtención de individuos genéticamente modificados.
En 1922 Knudson obtuvo la germinación de simientes de orquídeas en medios
sintéticos (cultivo asimbiótico).
Morel en 1960 sentó las bases de lo que hoy se conoce como
clonación al lograr sanear meristemas de Cymbidium (Orquidáceas) contaminados
de virus logrando a partir de los mismos la proliferación de masas de
protocormos, los que pueden ser divididos y vueltos a cultivar para regenerar
nuevas plantas. Esto dio un gran impulso al cultivo de las mismas ya que los
sistemas tradicionales de multiplicación vegetativa son extremadamente
lentos.

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